sábado, 22 de febrero de 2014

Algunas notas sobre la historia de la musculatura extraocular

La historia de la anatomía de la musculatura extraocular data de los tiempos clásicos, pero las primeras descripciones son vagas: así Galeno (130-200? d. C.), que reunió los conocimientos de la medicina alejandrina y la suplementó con sus propias disecciones sobre animales; describió en su De usu partium corporis humani los seis músculos, 4 para mover el ojo horizontal y verticalmente y dos para rotarlo, todo “ordenado por un dios bondadoso” con lo que el hombre podía dirigir sus ojos donde desease. No obstante, su descripción de los oblicuos, “uno en cada párpado extendiéndose desde arriba y abajo” fue muy poco precisa, y sus disecciones sobre animales le indujo a atribuir al hombre la presencia de un músculo retractor. En el capítulo 51 del Tetrabiblium de Aetius de Amida (502-575?), un compendio del arte de la curación, se da un análisis bastante preciso de los grupos musculares. Las enseñanzas galénicas se siguieron dogmáticamente durante trece siglos hasta las publicaciones de Andrea Vesalius en su De humani corporis fabrica (1543). Juan Valverde de Amusco, ayudante de Colombo en Pisa y español de nacimiento, realizó en su Historia de la composición del cuerpo humano (1556), 32 rectificaciones a la Fabrica de Vesalio, la mayoría de ellas en relación a la anatomía de los músculos extra-oculares. El pupilo y sucesor en Padua de Vesalio, Gabriello Fallopio (1561) realizó la primera descripción razonablemente certera y detallada. En el primer texto impreso sobre Oftalmología (Oϕθαλμοδουλεια, Das ist Augendienst, Dresden, 1583) Georg Bartisch dio una buena información sobre los rectos, mientras que Johann Gottfried Zinn (Descriptio anatomica oculi, Gottiengen, 1755), que siempre será un clásico, contribuyó con su descripción del origen de los músculos en el vértice de la órbita. No debo olvidar a Bartolomé Hidalgo de Agüero, del Hospital del Cardenal de Sevilla quien en 1604 publicó una monografía sobre “De la historia del ojo”, en su Thesoro de la Verdadera Cirugía, publicado después de su muerte.

Os dejo con Emilio el Moro

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