miércoles, 25 de marzo de 2015

GOLOSINAS Y CHUCHERIAS. PREGONES

He podido encontrar este antiguo pregón sevillano de los vendedores de chuches y golosinas a los chiquillos que espero que disfruteis:

Yorar, hijos, yorar
Que este cacho grande os consolará
¡ Á cuarto el cacho!
¡Á ochabo er cacho!
¡Mirar que cacho!
¡Baliente cacho!
¡Á ochabo!
Llebo arropía, zarzales
Suspiros, Lendarales
Afeñique, bulitones
Á cala durse melones
Por un cuarto un par de botas
Que me las guiyo pa Rota
Espeluchao y sin una mota

El vendedor de chuches, generalmente una persona mayor, que sabe muy bien que las golosinas son el resorte más poderoso de los chiquillos, y que el cariño a sus hijos, el resorte más poderoso de los padres comienza magistralmente con un
Llorad, niños, llorad

¿Quién se resiste el llanto de un niños? y continua:

Que este cacho grande os consolará

Lo que se consigue con poco dinero

Á cuarto el cacho
Á ochabo el cacho

No me dirán ustedes que este pregón no es genial.
Si no se realiza la venta se despide de manera actualizada como
Que me las llevo (para Rota)
sin hacer negocio ni dinero

Os dejo con estas sevillanas


domingo, 1 de marzo de 2015

Juan García. El loco Amaro

De este singular personaje sevillano se cuentan numerosas anécdotas y su vida mereció relatarse en un manustrito que se conserva en la Biblioteca Nacional.
De ellas os voy a relatar las siguientes:
En una de sus predicaciones narró lo siguiente: En la plaza de San Francisco ( plaza sevillana donde actualmente se encuentra el Ayuntamiento, pero que en el pasado estaba la Real Audiencia y otros edificios judiciales). Ofreció el demonio a Cristo en el monte que le haría dueño del Universo, como se despeñase (condenase) adorándole. Todo te lo daré, repetía, menos la Plaza de San Francisco, que es patrimonio mio de que no puedo despropiarme.
Oyendo a un hombre que decía: Dios me guarde el juicio, le dió una recia manotada en la boca, prorrumpiendo indignado. Ignorante, ciego, torpe, mira que no sabes lo que dices, Toma ejemplo en mí que ha veinte años que me la guarda, y aún no me lo ha devuelto.
Encontró cierta noche tarde y oscura a la ronda (policía), y al oir ¡quién va a la justicia?, respondió en alta voz, Dios Padre. Cercaronle los ministros, dándole no pocos golpes, a que repetía lo mismo, hasta que conocido, le dijo el que iba de cabo. Loco ¡porqué no dices quien eres?. Replicó enfurecido: Harto más loco tú, pues si diendo que soy Dios Padre me tratais así ¡que harías si dijera que era Juan García?.
El profesor D. Carlos Ros, publicó este manuscrito no hace mucho tiempo.
Os dejo con un fandando del Toronjo